INFORME ECONÓMICO MENSUAL

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Informe del mes de junio de 2019

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

Sumario

La calma cambiaria registrada desde fines de abril está explicada por dos factores: la decisión del FMI de habilitar al Gobierno argentino a usar los dólares del stand by para intervenir activamente en el mercado de cambios y el mantenimiento de exorbitantes rendimientos para las colocaciones en pesos. Sin embargo, no se advierte que en paralelo estén madurando condiciones virtuosas que puedan darle sostenibilidad a esta tendencia. En la esfera real, su contracara es una nueva postergación de las posibilidades de crecimiento del producto y del empleo. En el mejor de los escenarios, si se cristalizaran los niveles de actividad del primer trimestre, la caída anualizada del PIB rondaría el 2%, circunstancia que, a su turno, también condiciona el logro de las metas fiscales. 

Por su parte, la dinámica del sector externo sigue mostrando señales preocupantes. Desde que se produjo el último desembolso del FMI por 10.800 millones de dólares durante la segunda semana de abril, las reservas internacionales cayeron en el equivalente a 13.000 millones de dólares. El destino principal de esos dólares ha sido la fuga de capitales. El saldo comercial mejora únicamente como consecuencia de la recesión que derrumba las importaciones, mientras que las exportaciones continúan cayendo. El saldo de los capitales financieros externos de corto plazo sigue siendo negativo. En ese contexto, el BCRA no dispone de muchos resquicios para bajar la tasa de interés –solo pudieron reducirla en 3,3 pp en relación al máximo alcanzado a principios de mayo–, sin poder detener la desaceleración de los depósitos a plazo fijo del sector privado, que ya llevan varios meses cayendo en términos reales. Esta retracción pone de manifiesto que los intereses devengados no están volviendo al sistema. Una situación parecida se constata en la conducta de los inversores de títulos, cada vez más esquivos a reinvertir los flujos generados por sus bonos.

El elevado nivel que acumulan los rendimientos financieros ha vuelto a generar una masa de liquidez en pesos de corto plazo (que había sido drásticamente licuada con la devaluación del año pasado) con gran potencia desestabilizadora. La voluntad, aunque la misma sea parcial, de dolarizar esos depósitos sería un problema de gran envergadura. A los vencimientos de capital e intereses de las distintas letras del Tesoro (equivalentes a 18.000 millones de dólares) se le suma un stock de plazos fijos en pesos del sector privado que representa otros 26.500 millones de dólares. No son cifras menores frente a un nivel de reservas netas que oscila en torno a los 20.000 millones de dólares.

En este escenario, parece poco plausible que los casi 11.000 millones de dólares que el FMI podría desembolsar antes de octubre sean suficientes para afrontar los requerimientos crecientes de divisas. En ese marco no cabe descartar que se busque el acceso a líneas adicionales de fondeo a través de gestiones frente al gobierno de Trump. El “Exchange Stabilization Fund” puede ser un canal: su uso es potestad del presidente de los Estados Unidos y su objetivo es acercar fondos a gobiernos en dificultades. De verificarse tal eventualidad`, el Gobierno argentino estaría volviendo a comprar tiempo. Un tiempo extremadamente caro: se engrosan los pasivos externos, se profundiza el proceso de dolarización de la economía y, al mismo tiempo, se posterga la posibilidad de reanudar el crecimiento.

La decisión política de la principal fuerza de la oposición de definir una fórmula presidencial que objetivamente amplía los márgenes para la construcción de un frente plural habla no sólo de una estrategia electoral, sino también del grado de conciencia acerca del marco muy adverso que enfrentará el próximo Gobierno. Sentar las bases para alcanzar consensos que hagan posible pilotear las difíciles condiciones que heredará  supone instrumentar un conjunto de coincidencias programáticas que armonicen la urgencia por  estabilizar las principales variables macroeconómicas con la definición de un marco conceptual a partir del cual encarar la reprogramación de la deuda con el principal acreedor de la Argentina (el FMI) de manera consistente con un modelo económico que vuelva a poner el eje de la acumulación en el terreno de la producción y el trabajo.

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