Dolarización de la Argentina: ¿negocio para quién?

A fines de 2023, en el marco de los fuertes desequilibrios macroeconómicos y del proceso electoral, la dolarización de la economía argentina pasó de ser una consigna marginal a ocupar un lugar central en el debate público. La propuesta –adoptar el dólar estadounidense como moneda de curso legal, desplazando al peso– se presenta, para algunos sectores, como una solución definitiva a los problemas de inflación crónica, inestabilidad cambiaria y desconfianza en la moneda nacional.
En los últimos meses, al compás de las dificultades del Gobierno para contener la formación de activos externos, la iniciativa resurgió en ciertos espacios del debate político y económico. Incluso el propio ministro de Economía reconoció que no estaba conceptualmente en desacuerdo con la medida, aunque sostuvo que el país no dispone de los dólares necesarios para implementarla. Desde Estados Unidos algunos analistas también han sugerido que una eventual dolarización de la Argentina podría ser beneficiosa para los mismos Estados Unidos por dos razones: i) contrarrestar la creciente influencia de China en la región y reforzar el papel del dólar como moneda global –en un contexto donde su participación relativa en el comercio internacional y en las reservas de los bancos centrales se ha reducido–, y ii) garantizar que la asistencia financiera estadounidense (vía swap de monedas y eventualmente préstamos de bancos privados) no se diluya en un intento fallido de estabilización.
Ahora bien, más allá de las dificultades operativas –la disponibilidad de reservas, la conversión de los pasivos del Banco Central o el tratamiento de los contratos financieros–, el debate de fondo sobre la dolarización debe centrarse en dos dimensiones fundamentales: la pérdida de soberanía económica y la incompatibilidad estructural entre la Argentina y Estados Unidos desde la perspectiva de una “zona monetaria óptima”. Ambas cuestiones permiten visibilizar que, lejos de representar una opción con alguna mínima virtud para la economía argentina, la dolarización constituye una renuncia drás-tica a instrumentos esenciales para el desarrollo econó-mico y social, y la estabilidad de largo plazo.
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Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 426, 26 de noviembre de 2025.
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