Revista FIDE n°429

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Cediendo autonomía: Argentina a contramano del mundo

El Gobierno argentino y el establishment económico suelen justificar las penurias sociales y productivas que atraviesa nuestro país como una necesaria transición dolorosa hacia la prosperidad. Es un argumento poco novedoso que no resiste la constatación empírica: cada uno de los experimentos neoliberales que surcaron nuestra historia contemporánea culminó en crisis profundas, acentuó las viejas restricciones del subdesarrollo y generó nuevas. El endeudamiento sin contrapartida, el bimonetarismo o la cesión de “espacio de política” por parte del Estado nacional son herencias que han condicionado seriamente la posibilidad de avanzar en un sendero sostenible de crecimiento, estabilidad y progreso social. 

El modelo de Milei —una versión radicalizada de estas experiencias de libre mercado— no solo deja una estela de desmantelamiento de capacidades productivas y tecnológicas, pérdida de empleos de calidad y avance de la precarización y fragmentación del mundo del trabajo, sino que también implica una nueva ronda de cercenamiento de la autonomía del Estado para promover y defender los objetivos del desarrollo. Otros hablan de soberanía estratégica, aquí resignamos la oportunidad que nos otorga la geografía y el saber hacer humano. Esta situación es particularmente grave en lo que se refiere a la explotación de recursos naturales estratégicos para las naciones que, como la Argentina, enfrentan el desafío de transformar esos recursos en la base de la industrialización y el desarrollo tecnológico.

Si en Argentina la vigencia constitucional del dominio de los recursos naturales por parte de las provincias ya hacía difícil la definición de una estrategia nacional orientada a la industrialización de esos recursos, el marco regulatorio implementado por el Gobierno para las grandes inversiones (RIGI) directamente bloquea esa posibilidad. Este régimen no solo resigna el objetivo de la industrialización promoviendo el extractivismo, sino que, al liberar toda la operatoria en dólares de las empresas inversoras, tampoco garantiza un alivio sostenible de nuestra restricción externa.

Paradojas de la vida: en el mismo mes en que la Cámara de Diputados del Brasil aprobó un proyecto de ley que regula la extracción e industrialización de minerales estratégicos para la transición energética y la digitalización, dirigiendo todos los incentivos hacia la prioridad del desarrollo, el Gobierno argentino lanzó “el Super RIGI”, una vuelta de tuerca adicional que restringe el margen de maniobra estatal.

Brasil no es una excepción, sino la regla en un mundo donde el ejercicio del intervencionismo y la política industrial y tecnológica buscan transformar en desarrollo la disponibilidad de recursos naturales estratégicos y críticos para engancharse en el nuevo paradigma tecnoproductivo de la hiperdigitalización y las tecnologías asociadas a la transición verde. Este reconocimiento de los mayores grados de libertad de los cuales disponen nuestras naciones es central a la hora de pensar un proyecto de desarrollo a futuro. En el diálogo con FIDE, Schapiro y Malacalza aportan importantes insumos para analizar la situación internacional con las categorías adecuadas para identificar los espacios disponibles para el desarrollo nacional.

 

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Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 429, 29 de Mayo de 2026.

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